DAME VENENO

Dr. José Liétor Gallego (www.educacion-ambiental.es)

“Si un extraño te da un caramelo, no lo aceptes” ¿Qué hijo no ha escuchado o qué padre no ha pronunciado esa frase?

Sin embargo, hoy mismo, millones de niñas y portrait-watercolor-1214823_640.jpgniños españoles no solo recibirán golosinas fabricadas por personas y compañías que le son totalmente desconocidas, sino que además, sus padres pagarán gustosamente por ello. Si a eso unimos que dichas golosinas muy probablemente portarán sustancias nocivas para la salud de los infantes, la pregunta resulta evidente: ¿No va este comportamiento en contra de la lógica y del clásico principio paternalista de precaución?

Un consumidor occidental medio consume alrededor de 7 kilogramos de aditivos alimentarios al año. Algunos de esos aditivos se han demostrado claramente perjudiciales para la salud. En 1969, EE UU y Gran Bretaña prohibieron el edulcorante artificial ciclamato por su carácter cancerígeno; posteriormente países como México, Chile, Argentina, Venezuela, Irlanda, Bélgica o Nueva Zelanda han restringido o vetado su utilización; en España sigue siendo legal.

Bebidas tan populares como las versiones “Light” y “Zero” de Coca-Cola contienen en España ciclamato (junto a otros edulcorantes igualmente censurables). Eso es, Coca-Cola fabrica su brebaje de distinta manera según la normativa del país donde residen sus fábricas. El hecho de que la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición haya estado dirigida durante los últimos años por Ángela López de Sá, ex ejecutiva de Coca-Cola España nos puede dar una pista sobre lo que los incautos consumidores españoles podemos esperarnos en esta materia.

Volviendo a la cuestión central que nos ocupa, ¿cómo funciona la psique del consumidor; cómo decidimos qué es seguro y qué no lo es?

Evidentemente, la publicidad que los medios de comunicación y los propios gobiernos realizan de las granluckies.jpgdes compañías alimentarias constituye una influencia de primera magnitud. Un ciudadano acrítico -carente de la información y de la formación necesaria para cuestionarse los mensajes oficiales del sistema- se sentirá cómodo y por supuesto, no sentirá la más mínima sensación de peligro, consumiendo aquellos alimentos -muchos de ellos solo “comestibles”- que aparecen hasta la saciedad en los medios y que llenan la boca de nuestros políticos cuando de ensalzar la marca España y la aceleración de la economía se trata.

A pesar del timo de la pandemia de la gripe A, de la permisividad con el tabaco a costa de convertirlo en una fuente recaudatoria, de las crisis de la peste porcina, las “vacas locas”, la gripe aviar o el pepino exportado a Alemania, la sensación generalizada entre los españoles es que las autoridades sanitarias velan por nuestra salud. En efecto, los lobbies de la industria alimentaria y sus colaboradores necesarios en los medios y las instituciones públicas le están ganando la batalla al sentido común y, peor aún, al instinto de supervivencia.

Y si por si esta burbuja de seguridad no fuera suficiente, siempre se puede recurrir a la evidencia científica formulada por investigadores y entidades pseudocientíficas mercenarias que no tienen reparo de orientar los resultados de sus estudios hacia el bien común, o sea, hacia su beneficio económico y el de sus mecenas de la industria. Valga como muestra de esta osada afirmación el siguiente enlace:

http://www.cocacolaespana.es/nutricion/colaboraciones-y-becas-investigacion/colaboraciones-y-becas-investigacion-listado-organizaciones

Mi generación se ha criado con los prolijos estudios de la Universidad de Navarra sobre Actimel (http://www.unav.es/noticias/300404-04.html) ¿Cómo no va a ser bueno un producto que acapara el interés de una universidad?

Precisamente al amparo de esta pseudociencia se han amañado conceptos como el de Ingesta Diaria Admisible (IDA), algo así como la dosis máxima de un aditivo potencialmente tóxico que puede ser consumida con total tranquilidad a lo largo de una jornada ¿No suena absurdo? ¿Usted le daría un cigarrillo al día a su hijo pequeño solo porque en la cajetilla afirmara que uno al día no hace daño a la salud?

La única dosis segura de una sustancia tóxica es la dosis cero. Eso es indiscutible. Todo lo demás son artificios y juegos de palabras para justificar lo injustificable. Hemos decidido dotarnos de un sistema económico en el que varios de sus motores requieren la fabricación e ingesta masiva de sustancias tóxicas, muchas bioacumulativas (cuyas dosis son almacenadas en los tejidos, incrementando su peligrosidad con el paso del tiempo). Algunas se han relacionado con el cáncer y los trastornos mieloproliferativos, otras con las epidemias de esterilidad y obesidad que azotan occidente, otras con la diabetes, otras con los diversos trastornos de concentración e hiperactividad que afectan cada vez más a la infancia; enfermedades como la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica, la hipersensibilidad química múltiple, la electrosensibilidad, el hidrargirismo y muchas de las más de 5.000 enfermedades raras que existen en el planeta tienen vínculos claros con nuestros hábitos de consumo.

La industria química que fabrica los pesticidas, los aditivos alimentarios, los fármacos, los cosméticos… tiene de su parte a la mayoría de los medios de comunicación y a buena parte de la clase política occidental; y no solo eso, cuenta con la certeza de que salvo excepciones como el tabaco, será imposible vincular el consumo continuado de una sustancia tóxica en pequeñas dosis con el desarrollo de una determinada dolencia o enfermedad. De hecho, ni siquiera el sistema sanitaria alopático está preparado para ello, ¿acaso algún médico convencional le preguntó alguna vez acerca de qué alimentos procesados consume, qué perfume se pone o cuál es su refresco carbonatado preferido?

Lamento comunicarle que usted, consumidor, está prácticamente solo ante un sistema económico y comercial que solo busca su dinero. Cuestione por defecto todos los mensajes publicitarios que pretenden dotar a los productos de propiedades que no les son propias; dude por sistema de aquellos alimentos que tengan más de un ingrediente; no permita que le hagan creer que una sustancia tóxica es segura, por pequeña que sea la dosis (piense que los etiquetados actuales no indican dichas dosis, por lo que ni siquiera tenemos la opción de calcular nuestra ingesta diaria de tóxicos); y sobre todo, aplique siem
pre el principio de precaución; ninguna especie animal se alimenta de una sustancia desconocida…snack-1555512_640.jpg¿Por qué usted consume unas patatas fritas en cuya etiqueta puede leerse lo siguiente: aroma, glutamato monosódico, guanilato sódico, inosinato sódico, hidrolizado de proteína vegetal, diacetato sódico, aspartato y acesulfamo?

 


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